Me desperté un año entre madrugadas de unos lunes que bien parecían domingos horas antes, transbordos de coches y autobuses..
Amanecía entre colchones desnudos, las mejores obras de Mozart, Beethoven, Vivaldi y esculdando mi inocencia enre nuevos amigos que me recibieron como a uno más pasados cinco años.
Compañeros con los que compartía clase (y menuda clase..), no recuerdo ningún año escolar con más índice de partes por día y mi primo que en aquel entonces recibía las clases debajo mía, bien sabe de los alborotos y de objetos que se precipitaban por la ventana intentando escapar del caos que reinaba.
Volvíamos para comer, y en cada mesa teníamos que tener un encargado de recoger todo tras la comida.. menudas discusiones para ver a quién le tocaba. Cuando finalmente se quedaba todo en orden, disponíamos de una hora de tiempo libre.
Atardecía rodeado de libros, de los que no iba a ser examinado, pero de los que aprendía más que con cualquier libro del instituto. Más tarde, salir a la calle y reunirme de nuevo con mis compañeros para jugar al fútbol. Dejaba de ser Alex para ellos, y me convertía durante unos minutos en Torres (pese a estar lejos, todos sabían de mis colores rojiblancos).
Al volver, caída la noche nada, sentaba mejor que una buena ducha con la minicadena y cantando todos al unísino nuestras canciones favoritas de aquel entonces. Tras reponer fuerzas, comentábamos con el resto de compañeros nuestro plan de la tarde y todas las aventuras vividas, que no eran pocas..
Próximos al verano, cambiábamos la Play Station y los ordenadores por animar a nuestra selección, ¡Se acercaba el mundial! y tras evacuarnos de la sala con televisión, nos escapábamos a la habitación de un amigo a terminar de escuchar por radio el partido.
Todas las horas del día nos parecían pocas para estar con los amigos, y siempre había razones para ir a habitaciones ajenas, e incluso planear asaltos a la cocina cuando nos quedábamos con hambre..
Los viernes, al terminar las clases y equipados con nuestras maletas y un buen bocadillo, nos tocaba regresar con la familia y los amigos de Zaragoza, que enseguida se interesaban por nuestras hazañas en Soria, y bueno.. también por los estudios de los que preferíamos no hablar mucho..
Si de lago me arrepiento es de no haber escrito un pequeño diario para leerlo ahora y recordar muchas más anécdotas de las que podría contar ahora. Solo tengo de recuerdo una tarjeta para entrar a internet de un ciber gratuito de allí y un huevo de avestruz como recompensa de una de una de las mejores misiones que nos planteamos durante ese año. Posiblemente el mejor día junto con la excursión a la Warner de Madrid, volviendo a mi ciudad natal.. (que nostalgia sentí).
Gracias.