Las canciones, como las personas,
tiene su momento para aparecer en la vida.
Hay canciones que quisieras haber descubierto antes,
personas que hubieras querido conocer después,
o simplemente estaban allí, sólo tenías que fijarte/escuchar;
pero llegan de golpe, y a veces no estás preparado.
Te conozco más, me desconozco más.
Lo especial de escuchar un ritmo
y sincronizar los latidos con la melodía.
Escuchar cada frase y asociarla algo,
a un momento de tu vida, una persona,
un futuro que volverá,
un pasado más cercano que reciente.
Mirarte como un músico a su instrumento,
conocer cada rincón de ti, cada sonido,
probar, fallar y repetir hasta que suene bien.
Sentir que una vez tocas una tecla, eres libre,
tú decides cuándo y como acaba la canción,
una falsa seguridad de control sobre ti mismo,
pues el arte es demasiado libre.
No sé componer melodías, ni poesías,
de hecho, no puedo ni componer tus días;
no puedo ni decir que esto lo haya escrito yo,
sin ti.
Es tan importante quien escribe
como quien inspira..
¿cómo no ibas a ser mi clave?
Nunca sabrás lo que es el amor
si nunca te has enamorado de una canción.
