Soñar.
Mirar al techo, respirar hondo, concentrarte en una imagen, cerrar los ojos y sonreír.
Pensar en algo concreto, meterte en el papel y entregarte a un guión que desconoces.
Sólo eres el arquitecto del sueño, no controlas lo que va a pasar, no tienes ningún poder sobre tu propio sueño, sólo estás ahí, y notas como te manejan. Todo es real, e imaginario.
No se puede vivir de los sueños, ni en ellos. A veces queremos despertar y no podemos, quedamos atrapados en nuestra propia mente. Otras veces no quieres despertar nunca, y despiertas en lo mejor.
Y es lo mejor, si los sueños fuesen mejores que la realidad, ¿qué emoción tendría esta?
En ellos liberas todas las emociones que por falta de ganas, o confianza no compartes.
Vacías tu mente dejando atrás algunos recuerdos y por primera vez en todo el día piensas subjetivamente, ajeno al resto del mundo, de ahí que las mejores ideas vienen justo antes de dormirte, para olvidarlas al despertar con la sensación de confundir la realidad.
Soñar es real, el sueño no.
Es muy fácil justificar las decepciones, los engaños y desilusiones que sufrimos diciendo que nada es como lo pintan, en lugar de mirar más allá, y preguntarte cómo es el pintor.
Nunca hay que fiarse de las primeras impresiones.
Si te enamoras a primera vista, estás condenado a llevarte sorpresas a segunda vista; menos ver y más conocer.
No es cuestión de fe, es cuestión de aceptación.
- Quizá algún día confiemos más en nosotros mismos que en otros.
- Quizá algún día se digan más "Te quiero" de verdad que por decir.
- Quizá algún día se molesten en conocer a la gente, y dejarán de decir que tod@s son iguales.
Y esto es así.
