Música

17 oct 2010

La voz de su amo.

Cuentan sus conocidos que era una chica normal (aunque quizá un poco tímida), una chica que como todas a sus respectivas edades soñaron con ser princesas, más tarde veterinarias y con las ideas más claras, educadoras infantiles.
Se llamaba Soledad, pero todo el mundo la llamaba Sole o la Solitaria, mofándose de su nombre y su carácter reprimido. Era una chica castaña, de tez pálida, ojos color miel, de complexión delgada y una sonrisa que en ocasiones se veía demasiado forzada.

Cumplió los 18 años, y en su fiesta de cumpleaños conoció a un chico, que poco a poco y progresivamente se fue enamorando de él tras largas conversaciones por messenger y teléfono, hasta el punto de llegar a estar obsesionada con él. Se deprimía cuando pasaba un par de días sin hablar con él, se comportaba de una forma bastante desagradable con sus amigas y familiares, lo cual acarreó un distanciamiento con ellos. Pero ella no necesitaba nada más, solo le necesitaba a él.

Un día, cansada de ser simplemente su mejor amiga, se armó de valor y le declaró su amor, titubeando y no pudiendo ocultar su nerviosismo hasta que finalmente, tras un interminable silencio, él le correspondió con una sonrisa y se besaron.

Mantuvieron una relación cerrada durante varios meses en los que ella se consideró la mujer más feliz del mundo (repito, se consideró, pues una persona que mantiene una mala relación con sus padres y ha perdido a sus amigos nunca se verá autocompletada). Quizá la única pega era las miradas de recelo por parte de las amigas de su novio, y los típicos comentarios de "es muy poca cosa para él", pero tenía bien claro que almenos por su parte, nada les separaría, haciendo caso omiso de los comentarios de las malas lenguas.

Por motivos que aún ella desconoce, su novio cortó con ella y quedó desolada, respaldada únicamente por su familia que le mostraba apoyo incondicional (pero que ella no sabía valorar), mientras que los que consideraba sus únicos amigos durante ese tiempo se mostraban indiferentes tanto en los buenos como en los malos momentos, pero que nunca sintieron la más mínima compasión por ella. Eran personas que conoció por internet y que si no fuera por su nick, desconocerían su nombre, tal como desconocen siquiera su aspecto.

Ahora la veo caminar de vez en cuando por el parque, unicamente acompañada por su teléfono móvil y los auriculares para escuchar música. En ocasiones se cruza con él y con su nueva novia donde ellos solían quedar para ver atardecer o hablar tranquílamente, y mientras él la saluda, ella no puede hacer otra cosa que mirar resignada y seguidamente agachar la mirada al suelo, devolviendo un frío saludo mientras la imagen se clava en su corazón, abriendo las viejas heridas y derramando sus lágrimas sobre la estéril arena.

Después de todo sigue encadenada a su propio nombre, sigue encadenada a la voz de su amo..

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