La música es ese elemento de doble filo
capaz de llenarte cuando te sientes solo o triste,
y vaciarte de recuerdos cuando, simplemente,
necesitas desconectar.
Algo con mucho valor, pero sin precio.
Creada por naturaleza para ser escuchada,
y no especulada.
No se puede vivir de la música
porque es ella la que vive de nosotros,
de nuestras debilidades, de nuestros días grises,
de nuestro amor, de nuestro estado de ánimo.
Es nuestra nicotina en días aburridos,
un sulplemento de la bebida en fiestas.
La banda sonora de nuestras vidas,
que nos acompaña allá donde vamos,
y transforma las calles en escenarios
donde se rueda el videoclip del que
somos protagonistas.
Le encanta disfrazarse de ESA persona
cuando suena la canción adecuada,
o de ese anciano sabio, cuando necesitamos
esa frase, o ese consejo que nos impulse o dé fuerzas.
En ocasiones, nos apuñala en nuestros malos momentos
con canciones tristes, que sin embargo,
nos obligamos a escuchar para vomitar todo aquello
que nos pudre por dentro.
~ Tu voz, mi canción favorita.
Eres tú, la rabia sucia y rasgada de Kurt Cobain,
el compromiso sincero de Marvin Gaye.
La grandeza de John Coltrane improvisando con el saxo,
la mirada aniñada en los ojos de Michael Jackson.
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