Llegaste a mi vida como en un cruce de vías,
en el que ninguno de los dos trenes se para.
No sé si nosotros estábamos al mando de los trenes,
o si esperábamos juntos a que nos pasaran por encima.
Seguíamos ahí, en el desvío, desviándonos.
Queriendo seguir cada uno nuestro camino, sin separarnos;
intentando juntar líneas paralelas,
queriendo distanciar líneas secantes.
Dando segundas oportunidades sin pedirlas,
enfadándonos y despidiéndonos una y otra vez, la misma noche,
sabiendo que las despedidas definitivas no se avisan.
Dejar nuestras conversaciones, nuestras historias a medias;
como "Las mil y una noches", sabiendo como acaba el libro.
Sentirse el coprotagonista de tu propia vida.
- Quizá el mordisco te dé ganas de besarme
- O quizá el beso me dé ganas de morderte

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