Para empezar, esta es una pequeña historia o fábula que leí hace mucho tiempo ya, quería compartirla con todos pero desgraciadamente no he encontrado el texto.
Eso sí, me quedé con la idea principal y a partir de esta, voy a crear yo la historia, a mi manera :)- - -
Otra vez despertó con los rayos de sol proyectándose en su rostro filtrados por una pequeña ventana de la habitación de su hotel. Sólo llevaba tres días de vacaciones y aún no se acostumbraba a despertar así, y no por el incansable sonido de un despertador que se regocija preguntándote si quieres dormir 10 minutos más antes de volver a interrumpir su merecido descanso.
Pero eran sus vacaciones, libre de las cadenas horarias de su trabajo, y cansado de visitar el centro de la ciudad y sus distintos mercados callejeros, decidió ir temprano a aquella playa tropical que tanto le enbaucó en aquellas diapositivas que se tomó la molestia de mirar antes de seleccionar el destino de su viaje.
Y no era para menos, apenas dos familias de turistas en un kilómetro de costa mancillaban el maravilloso paisaje de arena fina y agua cristalina en la que se podía escuchar el viento corretear entre las rocas y adentrarse en el mar para seguir recorriendo mundo.
La mañana parecía perfecta, el paseo transcurría de la forma más normal, únicamente interrumpido por pequeñas pausas que servían para beber agua y observar el paisaje y las pequeñas conchas atrapadas en la arena de la orilla esperando para ser arrastradas por la marea una vez más.
Pero algo llamó su atención, a lo lejos pudo observar una gran bandada de pájaros rodeando una zona de aquella playa, y decidió acercarse.
Según se aproximaba al lugar, empezó a distinguir varias aves como gaviotas, garzas y otras tantas que desconocía su nombre, y para su asombro también consiguió distinguir cientos de pequeñas tortugas, dejando atrás sus respectivos cascarones e intentando llegar a la orilla antes de ser atrapadas por sus alados depredadores.
Atónito, el hombre se acercó aligerando el paso y descubrió que las tortugas no estaban solas en su bando, junto a ellas había un muchacho de unos 12 o 13 años espantando a las aves e incluso cogiendo a las pocas tortugas que sus brazos podían abarcar para arrojarlas al mar antes de ser atacadas.
Cuando el jóven se percató de la presencia del hombre, no dudó en acercarse a él y medio educadamente, y medio desesperadamente le pidió ayuda, realmente se veía preocupación en sus ojos, y confundido, el hombre le dijo:
- ¿No te das cuenta de que es el destino de algunas de las tortugas perecer por el camino? Es lo que la naturaleza ha preparado para ellas, desgraciadamente. Algunas debenán servir de alimento para otros animales. No tiene sentido intentar salvar a todas, son demasiadas para nosotros dos solos..
El joven agachó la cabeza, se quedó en silencio unos segundos, y apretando los puños con gesto de rabia, se acercó a una tortuga que el hombre observaba especialmente mientras que esta, torpemente intentaba abrirse camino entre una pequeña duna de arena, recogió a la pequeña criatura atrayedo la atención del hombre, y depositándola con cariño en una pequeña ola que se recogía hacia el mar arrastrando parte de la arena y alguna alga, dijo:
- Para ella, sí tiene sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario